La obra de Milton Erickson se caracteriza por observar que la personalidad de cada persona es única y su comportamiento espontáneo varía según el tiempo. Este entendimiento hizo que Erickson propusiera la hipnosis no para basarse en generalizaciones, sino más bien en una manera de distinguir las expresiones del paciente. Considerando que cada persona tiene un modelo de “realidad” y que, por tanto, la terapia debe ajustarse a ésta. Para ello, planteó lo siguiente: “los terapeutas cuando comiencen cada terapia deben estar en un estado de ignorancia en experiencia”. Esto implica dejar de lado sus modelos de la “realidad” para aprender una nueva “realidad” (la de los pacientes).

También se caracteriza por observar que cada persona tiene recursos generativos. Y acá destaca lo siguiente: los recursos de cada persona se activarán mediante la experiencia y no por el entendimiento conceptual del terapeuta (o del paciente).

Por ejemplo, todos tenemos la capacidad de ser amorosos y en algunos casos, esta capacidad se niega. Esto no significa que no exista la capacidad, sino más bien que se reprime, aún cuando ésta surge de manera espontánea.

Otra de las premisas de Erickson es que el trance es natural. Para él, el terapeuta, en vez de intentar inducir una regresión de edad por ejemplo, le debe pedir a la persona (paciente) revivir y describir a un amigo imaginario o a una mascota, o una canción infantil de la niñez. Esto significa que el trance sea natural.

Estas son algunas de las afirmaciones del enfoque ericksoniano, que propone una relación de cooperación entre hipnoterapeuta y paciente, rompiendo el paradigma de una relación con enfoque autoritario de parte del terapeuta donde éste se muestra poderoso frente al paciente, y donde prevalece la visión “objetiva”, que no es otra cosa que la “realidad” del terapeuta.